domingo, 28 de abril de 2013

Los niños necesitan protección


“Quiero que mi hermano pequeño vaya a la escuela, no que trabaje”

                         Documental "Antes de crecer"

La pureza, bondad, credulidad, inexperiencia, las ganas de aprender… Ellos son el futuro, los que heredarán de los que ahora son mayores e imparten consejos. Los niños, esos seres pequeños, llenos de vida, con una incertidumbre constante, ¿no necesitan una protección constante?
Bangladés presenta cifras alarmantes. El 17 por ciento de los niños trabaja con un sueldo cuya única función es ayudar a sus familias.
Los niños tienen un día de fiesta, aunque en algunas ocasiones también tengan que trabajar. El día de fiesta lo utilizan para salir a la calle y jugar.
En la imaginación de otros niños quedó disponer de más de una pelota, o de jugar en un cuidado campo con césped mal cortado en vez de en calles llenas de fango. Sus habitaciones jamás estarán llenas de muñecas a las que poder cambiar la ropa y hacerles peinados diferentes cada día. En la mayoría de los casos, apenas disponen de habitación propia. Las muñecas permanecen en el escaparate de una tienda en la que jamás podrán comprar.
En Occidente, esa parte del mundo que tanto ha evolucionado, ya se pasó por esto. La industrialización no dejó ajenos a los niños. Mientras los ricos se hacían más ricos, los pobres se hacían más pobres y los niños eran tratados como adultos, sufriendo sus mismas condiciones de trabajo.
El fin llegó con la educación pública y con las leyes que regulaban la edad mínima para trabajar. En Bangladés muchos, demasiados, niños están al margen de esta educación básica con escasos recursos.
Las razones que llevan a las familias a cambiar los libros de sus hijos por un martillo o máquina de coser es por la pobreza atraviesan. Ver que sus hijos nada que llevarse a la boca. Las deficiencias en el sistema educativo, abandonar la escuela porque está lejos de tu casa, y no posees los medios para poder llegar hasta ella, o porque simplemente las aulas no tiene capacidad para acoger a más niños. Otros, influidos por la idea de que es mejor conocer un trabajo desde pequeños, no se sienten atraídos por lo que en la escuela se les enseña, no lo ven necesario.
Cuando alguien te pida la mano dásela. Cuando ese alguien sea un niño, tírate a por él. Protégele. 

domingo, 14 de abril de 2013

Ni siempre los profesores tienen razón ni siempre los padres tienen que apoyar al hijo.


"En menos de 20 años España ha cambiado su sistema educativo en más de cuatro ocasiones"

      Falta de autoridad de los profesores

Generalizar un problema siempre es malo, pero cuando los casos de violencia en el aula aumentan tal vez sea el momento de poner barreras.
Un profesor está en un aula porque quiere transmitir sus conocimientos a sus alumnos porque ellos son el futuro. Pero cuando un alumno decide tomarse la justicia por su mano, cuando la calificación que ha recibido no es la correcta piensa que humillar o faltar al respeto a esa autoridad es la única solución.
Muchos de los maestros aluden a que la falta de valores que se vive en este momento en la sociedad es la clave para comenzar a saltarse la autoridad del profesor.
Los padres tendrían que empezar a ver que el papel de la escuela es un paso para formar a su hijo y no la base de su educación. Si dentro de la casa no se intenta hacer ver al hijo que lo que hace está mal desde que es pequeño el niño no va a diferenciar entre lo malo y lo bueno. En la escuela no se lo van a enseñar, sólo le pueden inculcar las normas sobre como estar en clase pero ese no es su papel, eso se tiene que enseñar en casa.
La figura de los padres está cada vez más desfigurada, los padres eluden responsabilidades y los problemas de sus hijos los achacan a la sociedad en la que viven o al entorno del niño. Tendrían que dejar de mirar hacia fuera para empezar a mirar hacia dentro.
Cuando un profesor necesita coger una baja porque el nivel de depresión o presión que vive dentro del aula, cuando tiene que ver a su agresor día tras día, el problema ahí tal vez no sea de ellos, sino que es muy posible que el camino por el que se está guiando al alumno no sea el más favorable.
¿Tienen derecho los alumnos a molestar a un profesor o a impedir que el resto de sus compañeros de clase? Sin miedo a quemarse hay que decir que no, que los alumnos no son nadie para arrebatarle a sus compañeros el derecho a una educación digna y de menospreciar a un profesor porque te esté interrumpiendo la interesantísima charla.
Muy posiblemente la solución a esto sea que el alumno comience a tener en cuenta a sus profesores y para ellos tal vez estos tiene que hacerse respetar sin usar la violencia pero utilizando todas las medidas que el centro les ofrece.
Los padres no deberían de reírle las gracias a sus hijos sino educarles de tal forma que si no comparten su opinión se debata.

domingo, 7 de abril de 2013

Antes era Ana pero empiezo a ser Mia


“Saber que soy capaz de controlar mi peso me reafirma, me refuerza”   
                                                                    Documental. Diario de una anoréxica.

Ser capaz de estar cuatro días sin comer para después correr hacia el supermercado y devorar todas las galletas que has comprado. Comer, comer y después llorar por haberlo hecho. Despertarse por la noche y pasarse el mismo tiempo que se ha tardado en comer en vomitarlo todo. Eso es la anorexia y la bulimia. Esas son Ana y Mia.
La publicidad, los clichés, el intentar conseguir la perfección lleva a estas chicas y chicos a dejar de comer, en un principio, y a atiborrarse de comida y después vomitarla, cuando la enfermedad ya está avanzada.
Isabelle Caro posa para Nolita. Fotografo: Oliviero Toscani.
Google imagenes.
Isabelle Caro fue una modelo francesas conocida por hacer una campaña de publicidad en Italia en contra de la enfermedad que acabó con ella. Cuando era pequeña Isabelle no tuvo ningún contacto con el exterior, dio clases en su casa porque su madre no quería que saliera a la calle: no quería que ella creciera. Al cumplir los 13 años, la madre de la modelo le dijo que una bombona de gas de 70 libras era muy pesada para ella y la pequeña niña pensó que al pesar ella 10 libras más también era un peso para su madre. Por ellos, decidió dejar de comer hasta convertirse en un esqueleto humano. Murió el 17 de noviembre de 2010 sin poder superar la enfermedad que le acompañó toda la vida.
La anorexia y la bulimia no son enfermedades que se puedan elegir ni superar fácilmente. En muchas ocasiones las propias enfermas son conscientes de que lo son pero están tan metidas en la enfermedad que no son capaces de superarla, ni solas ni con ayuda.
Mientas en oriente los jóvenes se mueren por intentar llegar a la perfección, por imitar a las modelos que salen en las revistas, al otro lado hay niños que no comen porque no tienen nada que comer.
Hay muchos factores que hacen que el acceso a los alimentos sea muy complicado pero uno de los más llamativos, tal vez, sea el de la pobreza. No tener dinero para poder comprar comida. Morirse de hambre. Llegar a un pozo de agua para poder saciar la sed y que después de haber recorrido kilómetros el agua esté contaminada y esa sea la única opción. La guerra te impide comer porque todo está abatido. No queda nada.
No existen las realidades aisladas. No existe una burbuja en la que al meterse la realidad no afecte.